jueves, 12 de abril de 2007

INSEGURIDAD PARA OPINAR



Un fenómeno social preocupante que no sólo podemos advertir en los establecimientos educacionales, sino también en estudiantes universitarios e incluso en adultos, es el hecho de la inseguridad que manifiestan algunos individuos a la hora de emitir opinión.



Si bien es cierto que esto se presenta en diversas situaciones tales como una sala de clases, una reunión de trabajo o algo tan cotidiano como es el encuentro entre amigos; en esta ocasión me remitiré a profundizar el tema, basada en la primera situación planteada, es decir, el aula.



¿Quién no se ha sentido inseguro alguna vez en su vida?, ¿Todos tenemos la misma facilidad para explayarnos en público y expresar lo que pensamos o sentimos?, ¿Nos atrevemos a refutar lo que otros dicen?, ¿Nos importa lo que el resto piensa de nosotros?



Un importante número de personas trata de proyectar esa imagen de seguridad en sí mismas, diciéndole al mundo que no les importa lo que el resto de la gente piense de ellas, pero, ¿realmente son así de firmes y tienen la confianza suficiente como para hacer caso omiso de lo que los demás digan sobre ellas? Claro que puede haber casos así. Es efectivo que existen sujetos a los que no les influyen las opiniones externas, pero la verdad es que la mayoría de la gente en nuestra sociedad, vive en la inestabilidad y en la indecisión, y no se atreve a expresar lo que lleva dentro por temor al “qué dirán”.



Situándonos ahora en un establecimiento educacional, podemos decir que son clásicos los casos en que el profesor hace una pregunta a sus alumnos y sólo uno o dos se atreven a contestar. Más común es todavía, el hecho de que los estudiantes que responden sean siempre los mismos. A los docentes les encanta generar inquietud en sus estudiantes y lograr provocar controversias entre ellos, pero a no ser que los alumnos se vean obligados a disputar ya que el debate se les es planteado como actividad, no es muy común que esto nazca de manera natural. ¿Por qué ocurre esto?, ¿Acaso los educandos no tienen opinión?, ¿Puede ser que algunos no se atrevan a desafiar a sus compañeros porque se sienten menos capaces o inteligentes? Éstas y muchas más son las dudas que se me vienen a la cabeza al imaginarme el conflicto.



Así como son muchas las preguntas que uno puede plantearse respecto al fenómeno, existe un vasto número de posibles respuestas que nos llevan a descifrar todo este asunto. Pero a modo personal, ¿cuál pienso yo que es la causa del problema?... creo que las causas abundan.

El por qué del fenómeno

Partiré por suponer respuestas a las interrogantes planteadas en el quinto párrafo. La primera pregunta ¿por qué ocurre esto? sería la fundamental, ya que las dos que le siguen son eventuales contestaciones. Entonces, ¿qué es lo que origina el fenómeno descrito? Puedo proponer variadas hipótesis al respecto. Lo primero que voy a sugerir es el tema de la inseguridad.

La Real Academia Española (RAE) define inseguridad como “falta de seguridad”, donde seguridad es certeza, por lo que se puede concluir que la definición sería “falta de certeza”. Son muchos los estudiantes que sufren de indecisión y que no confían en sí mismos lo suficiente como para osar emitir opiniones o tomar partido por algo si es que el resto no está de acuerdo con ello. Puede ser esa una de las razones por las cuales se quedan callados durante las clases, y actúan como meros receptores de información conformándose con todo lo que oyen y sometiéndose a otros pareceres aunque estén muy lejanos a los suyos. Todo se traduce en el temor al ridículo y el miedo a no encontrar argumentos válidos o las palabras correctas para refutar otros criterios. Es aquí donde surge la segunda interrogante que se planteaba anteriormente, ¿acaso los educandos no tienen opinión?, ¿acaso todos pensamos igual?, ¿todos hemos vivido las mismas experiencias como para tener exactamente los mismos juicios frente a un tema determinado?

Opinión. Es un concepto que ha surgido ya su buena cantidad de veces. La opinión es una idea o juicio que se tiene sobre algo o alguien. Por las facultades y derechos que tenemos como seres humanos es que es legítimo que cada uno de nosotros tenga su propia opinión, pero lo que sucede a veces en las aulas de los establecimientos educativos, es que al haber diferentes personalidades compartiendo el mismo espacio, es muy factible que ocurra que unos sean más extrovertidos que otros. Algunos mueven masas y otros no. Unos son respetados y otros no. Son por lo general los primeros los que no temen expresarse y dicen todo lo que piensan porque conocen el empuje y la fuerza que logran con respecto a los demás. No temen porque saben que sus compañeros no les critican y escuchan sus palabras como sagradas o como una postura para evaluar ya que podría llegar a ser válida, aunque en realidad no lo crean así. Por esta razón, siempre son los mismos alumnos los que contestan las preguntas del profesor y el resto se queda en silencio. Esto explica también el hecho de que los educadores quizás de manera inconsciente dirijan la palabra, la mirada y hasta la expresión corporal hacia esos mismos alumnos porque saben que de ellos obtendrán respuesta. Todo ello va a la vez disminuyendo la motivación del resto del curso por escuchar, por poner atención y por concentrarse o esforzarse para contestar. Prefieren tomar el camino más fácil de asentir cada vez que se les pregunta si están de acuerdo con el compañero que contestó, y es así como hay cada vez menos polémicas y menos debates. En conclusión, no hay emisión de diversas opiniones, diversas ideas y maneras de pensar.

¿Se han dado cuenta también de que el recelo que sienten los educandos a la hora de manifestarse, no es sólo con respecto a sus compañeros, sino también con el mismo profesor? Hay ocasiones en que simplemente ningún niño dice nada. Me atrevo a decir que esto se debe a que el docente habla y se expresa con tanta seguridad e infunde tal respeto, que los alumnos aunque piensen que lo que dice no es cierto, de igual manera permanecen callados porque no quieren arriesgarse a caerle mal a la persona que más tarde les evaluará su desempeño. Si bien es cierto que los educadores deben evaluar de manera objetiva y tolerar los distintos puntos de vista de sus estudiantes, de todas maneras los niños y niñas temen que su profesor se descargue en contra de ellos y encuentra la manera de perjudicarlos.


(The School of Rock, 2003)

En el video se aprecia claramente la situación que he descrito con anterioridad donde el docente habla con tal convencimiento y energía que deja a sus alumnos estupefactos y sin atreverse a contradecirle.

De manera muy resumida, lo que sucede en la filmación es que el profesor está literalmente echado en su asiento y una alumna le reclama que sus papás no están pagando el colegio para estar en recreo. Entonces el profesor se pone de pie y le contesta que les va a enseñar algo, y comienza a decirles que deben rendirse en la vida porque nunca conseguirán ganar, ya que la sociedad es manejada por las personas con poder que hacen lo que se les da la gana, por lo tanto no hay que perder el tiempo tratando de hacer cosas buenas porque no lo van a lograr. La única salida es darse por vencidos.

Con sólo ver las caras de los estudiantes, nos podemos dar cuenta de que no todos piensan igual que él, y hay algunos que se muestran asombrados ante las palabras de su maestro, sin embargo, todos permanecen callados y ninguno se atreve a manifestarse en su contra.

¿Cómo verifico mi planteamiento?

Ustedes se preguntarán en qué me baso para fundamentar los argumentos de por qué creo que ocurre este fenómeno.

Anthony Giddens (1938- ) sociólogo y teórico inglés, plantea que el investigador social no puede investigar la realidad como un fenómeno externo. Para comprender la sociedad, se debe estar inmerso en ella. Basada en este personaje es que puedo asegurar que mi verificación de la situación escolar que he planteado es totalmente válida, ya que hace ya 16 años soy estudiante, y por lo tanto he estado inmersa la mayor parte de mi vida en el espacio mismo donde se desarrolla el problema. He sido testigo y lo sigo siendo día a día, del caso en cuestión. He vivido en carne propia ambas caras de la moneda. Puedo decir que me he sentido insegura y desconfiada de manifestar opiniones por el temor a equivocarme y a quedar en ridículo, por lo que he optado por asentir y de alguna manera adaptarme y amoldarme a pareceres que discrepan de los míos, los cuales consideran tanto los manifestados por mis compañeros como por mis profesores. Ha habido casos también en que soy yo quien emite juicios y expreso lo que siento y pienso con total libertad porque de alguna forma me siento superior al resto o confío tanto en mis experiencias y saberes, que no me inquieta si es que me discuten.

Es así como puedo verificar que mis hipótesis acerca de las posibles causas del problema, son válidas y logran explicar los hechos dándole significado a los fenómenos que se observan.